El Super Bowl terminó.
February 23, 2026

La conversación apenas empieza.

El Super Bowl siempre promete lo mismo: fútbol, espectáculo y anuncios diseñados para entrar al Olimpo de la cultura pop en 30 segundos. Pero cada año deja una lección distinta. Esta vez, el mensaje fue claro: la cultura ya no acompaña al evento, el evento acompaña a la cultura.

El juego terminó.
El marcador quedó en la historia.
Lo que sigue vivo es lo que se comentó, se compartió y se resignificó.

Y ahí, dos elementos dominaron la narrativa:
el halftime de Bad Bunny y una tanda de anuncios que entendieron que hoy las marcas ya no compiten por atención, compiten por significado.

Bad Bunny convirtió el halftime en territorio cultural

El medio tiempo dejó de sentirse como un “show para todos” y se transformó en una celebración con identidad clara. Bad Bunny tomó el escenario más visto del planeta y lo convirtió en una experiencia visual, sonora y simbólica que habló en español sin pedir permiso y sin traducción simultánea.

El escenario mutó, la narrativa avanzó por actos y la música se volvió hilo conductor de algo más grande que un setlist. No fue un concierto condensado. Fue un statement cultural: idioma, ritmo, símbolos y orgullo puestos en el centro del espectáculo global.

El verdadero golpe creativo estuvo en la naturalidad. El show no explicó por qué importaba. Simplemente ocurrió. Y cuando algo ocurre con esa seguridad, la audiencia entiende que está presenciando un momento histórico.

El halftime dejó una idea poderosa flotando en el aire:
la cultura ya no necesita validación, necesita escenario.

Cuando el medio tiempo marca el ritmo del branding

Lo interesante es que ese pulso cultural se sintió también en los anuncios. Esta vez, los comerciales más memorables compartieron algo en común: entendieron que el Super Bowl ya no es solo un espacio publicitario, es un escenario narrativo.

Tres anuncios destacaron con claridad, no por gritar más fuerte, sino por elegir bien su papel dentro del evento.

1. Budweiser: la épica silenciosa siempre funciona

Budweiser apostó por lo que mejor sabe hacer: símbolos profundamente reconocibles, narrativa clásica y una ejecución cinematográfica que se siente más como cortometraje que como comercial.

Clydesdales, paisajes abiertos, música emocional y una sensación de legado que conecta con la memoria colectiva. El spot avanzó con calma, confiado en que su historia no necesitaba explicación adicional.

La lección de branding:
Cuando una marca conoce su ADN, puede hablar bajito y aun así dominar la conversación. La tradición bien contada sigue siendo una herramienta poderosa, especialmente cuando todo lo demás busca el golpe rápido.

2. Lay’s: convertir un producto cotidiano en emoción compartida

Lay’s eligió otro camino: una historia íntima, humana y generacional. Nada de exageraciones. Nada de espectáculo innecesario. Solo una narrativa sencilla que conectó el producto con momentos reales: familia, herencia y pequeños rituales que atraviesan el tiempo.

El anuncio no buscó ser el más comentado por su humor o por su producción, sino por algo más difícil de lograr: hacer sentir. Y lo consiguió. Se habló de él porque tocó fibras reconocibles, no porque interrumpió con ruido.

La lección de branding:
Los productos comunes se vuelven memorables cuando se colocan dentro de historias con verdad emocional. La emoción bien trabajada construye recuerdo de marca a largo plazo.

3. El anuncio que entendió internet mejor que nadie

El tercer spot destacado fue el que se diseñó pensando más en el feed que en la televisión. Un anuncio construido para fragmentarse, circular y vivir más allá del partido. Ritmo rápido, humor inteligente y escenas pensadas para convertirse en clips compartibles.

Este comercial entendió algo clave: hoy el Super Bowl ocurre en dos pantallas al mismo tiempo. La televisión y el celular. El anuncio no solo funcionó durante la transmisión, sino que se multiplicó en redes minutos después.

La lección de branding:
El verdadero impacto ya no se mide solo en rating, sino en remezcla cultural. Cuando un anuncio nace listo para ser compartido, comentado y reinterpretado, su vida útil se extiende mucho más allá del silbatazo final.

El patrón que une al halftime y a los anuncios

El halftime de Bad Bunny y los mejores anuncios del Super Bowl comparten una misma lógica estratégica: claridad de rol.

Nadie intentó ser todo para todos.
Cada pieza supo exactamente qué venía a hacer.

Bad Bunny vino a representar cultura sin suavizarla.
Budweiser vino a recordarnos el poder del legado.
Lay’s vino a conectar desde lo humano.
El spot viral vino a dominar la conversación digital.

Eso es branding maduro: entender el contexto, elegir una posición clara y ejecutarla con seguridad.

Lo que este Super Bowl le dice a las marcas

El aprendizaje es contundente: los grandes eventos ya no premian a quien aparece, premian a quien entiende el momento. La creatividad deja de ser un accesorio estético y se convierte en una decisión estratégica.

Las marcas que brillan hoy:
– leen la cultura antes de diseñar la idea
– piensan en conversación, no solo en impacto
– entienden que el significado construye valor

El Super Bowl terminó, pero la conversación sigue porque las mejores ideas fueron diseñadas para eso: para quedarse circulando en la cultura.

En tBE lo tenemos claro

El branding contemporáneo se juega en la intersección entre estrategia, creatividad y contexto cultural. Quien entiende eso, deja de competir por atención y empieza a construir relevancia real.

El Super Bowl volvió a demostrarlo:
las jugadas más memorables no siempre ocurren en el campo, sino en la mente colectiva.

Y ahí, la cultura siempre gana.